En los contratos de obra también llamados de construcción cuya prestación es de tracto sucesivo, se estila, como todo proyecto de construcción, tener un calendario de labores que determina de manera clara y especifica las secuencias y tiempos que deberán ser seguidos por el contratista durante la construcción de la obra.

En efecto, todo contrato de obra prevé una planificación del tiempo de ejecución contenido en un calendario en donde se establece el orden que habrá de seguir durante la construcción, ya que estos calendarios permiten determinar de una manera eficiente cuál es el estado de las obras en determinados periodos de tiempo y la fecha de entrega. En definitiva, estos calendarios permiten administrar el proyecto de una manera más clara y eficaz.

Ahora bien, es probable que existan proyectos de construcción que no cumplan al cien por ciento con lo establecido en los calendarios programados, en la mayoría de los casos se presentan imprevistos o circunstancias que de una u otra manera alteran de manera significativa el normal desarrollo de las obras. Eventos relacionados a variaciones en el contrato, cambios climáticos, problemas de seguridad, conflictos entre las partes, son muy recurrentes afectando el normal desarrollo del proyecto y en la gran mayoría de los casos esas circunstancias generan demoras significativas en la relación de una parte de la obra que incide en la fecha prevista para su culminación.

Es por ello, que los documentos contractuales deben determinar los posibles eventos que originaran demoras y que darán lugar a una ampliación de plazo (entendido como un “derecho a una extensión del tiempo de culminación del contrato”), asimismo determinar quién debe asumir el riesgo de esas demoras.

Como regla general, si la demora o retraso es causado por un acto u omisión del propietario de la obra, el constructor tendrá derecho a una extensión de tiempo y a qué se le restablezcan los gastos en que incurrirá por la demora.

En ese sentido, podemos concluir que la ampliación de plazo, en el ámbito contractual, surge como un instrumento para intentar paliar las consecuencias derivadas del  desequilibrio patrimonial producido por la alteración de las circunstancias no imputables al contratista. En efecto, la ampliación de plazo ha sido ideada para remediar una demora en la ejecución de la obra que no es atribuible al contratista. Por lo tanto, se constituye como un derecho subjetivo que le asiste al contratista que se ha visto afectado injustificadamente por una demora o atraso, quien tiene la facultad de poder exigir, de acuerdo al ordenamiento jurídico, una modificación del contrato (extensión del plazo y el costo del mismo) cuando las circunstancias existentes al momento de su celebración ha variado, de esta forma no se pierde el equilibrio contractual por las consecuencias que produciría una demora o atraso en la ejecución de una obra, esto es, por la posible aplicación de penalidades por la no culminación de la obra dentro del plazo, así como también, por los gastos que implica para el contratista el retraso mismo en la ejecución o paralización de la obra.

octubre 9, 2017

¿Sabes en qué consiste la ampliación de plazo de un contrato de ejecución de obra?

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