El acto de confusión como acto de competencia desleal

Conforme a lo establecido en el artículo 9 de la Ley de Represión de la Competencia Desleal – Decreto Legislativo N° 1044, los actos de confusión son aquellos que tienen como efecto, real o potencial, inducir a error a otros agentes en el mercado respecto del origen empresarial de la actividad, el establecimiento, las prestaciones o los productos propios, de manera tal que se considere que estos poseen un origen empresarial distinto al que realmente les corresponde.

Al respecto, la Comisión coincide con la Sala respecto a que los actos de confusión pueden ser directos o indirectos, siendo que los actos de confusión directa, consisten en aquellos supuestos en los que el consumidor toma dos actividades, productos, establecimiento, prestaciones o productos distintos bajo la impresión de que son el mismo. Y que los actos de confusión indirecta se producen cuando el consumidor, si bien observa que no son idénticos, entiende que tiene un mismo origen empresarial, cuando en realidad pertenecen a dos concurrentes distintos.

Ahora bien, para analizar la posibilidad de que se produzca un riesgo de confusión, es necesario determinar en primer lugar la capacidad de diferenciación que poseen los consumidores respecto de los productos o servicios. Esta capacidad de diferenciación se desarrolla desde una apreciación integral y superficial de la presentación o aspecto general de los elementos, pero tomando en cuenta un estándar de diligencia ordinario, esto es, considerando que el consumidor se informa antes de efectuar una decisión de consumo. A manera de ejemplo, el representante en el Perú de un conocido equipo de fútbol argentino denunció que un tercero estaría empleando elementos que distinguían a dicho equipo en el mercado. De esta manera, dado que se logró acreditar que la escuela de fútbol “Boca Perú” administrada por los agentes económicos similares a los empleados por los sistemas de franquicias “Escuela de Fútbol Boca Juniors”, se declaró fundada la denuncia, debido a que dicha conducta inducía a error a los consumidores respecto al origen empresarial de las prestaciones ofertadas.

De manera adicional, otro ejemplo, resulta ser el caso en el cual la Comisión y la Sala del INDECOPI observaron que de una comparación visual de los productos analizados se verificaba que los mismos presentaban similitudes gráficas y cromáticas, así como una similar diagramación, que generaba que los consumidores puedan verse confundidos respecto al origen empresarial de ambos productos.

De modo complementario, se puede destacar el caso en donde de una apreciación integral y superficial de los envases de los productos (shampoo y acondicionador) de una empresa denunciada frente a los productos de una empresa denunciante, se observó que si bien existían ciertas similitudes respecto a los colores utilizados en la presentación de los envases (crema, marón y anaranjado), lo cierto es que existían también diferencias fácilmente perceptibles – entre ellas, por ejemplo, el tipo de letra utilizado, la ubicación de sus propiedades y/o características – así como la identificación destacada del proveedor de cada uno de dichos productos, por lo que al tratarse de artículos especiales para el cuidado del cabello, se consideró que los consumidores de este tipo de productos podían percibir de forma más evidente las diferencias de presentación de los productos evaluados y su indicación respecto a la procedencia empresarial.

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